sábado, 14 de octubre de 2017

Dolors López, La Princesa Yaseve


@Dolors111068
laprincesayaseve.com

Escribidora de profesión
Mujer de nobles sentimientos
Que apoya sin condición

Brindo por ti, por un año más de vida
En deseo de que se cumplan tus metas.
No existe distancia, mi nena
El abrazo de las almas es poesía
Y en versos sin cuadratura
Celebran la cofradía

Recibe mi cariño, sin dobleces. Nunca dejes de creer, de escribir, de soñar. Mi gratitud contigo...

¡Muchísimas felicidades!

Soneto de un adiós sin espedida



Caricias muertas
Confinadas a la fosa del olvido
Cuya lápida resguarda lo vivido
En el abrir y cerrar de tantas puertas

Viví contigo
Las experiencias de un amor indiferente
Y en el mirar de nuestros ojos frente a frente
Sentí el calor que provocaba nuestro abrigo

Juraste amarme
Mientras tus pasos presurosos
Ya pensaban en dejarme

Y en una herida
Se quedaron las palabras del adiós
Sin despedida.




Roberto Soria - Iñaki
Imagen pública

Un viejo amigo


Aquí me tienes, viejo amigo, respirando los últimos instantes de mi tiempo... Con miles de recuerdos, en espera de mi cita con la muerte, porque por fin la misteriosa suerte, me pide declararme por vencido.

Quisiera postergar ese momento, para besarme con las millas recorridas, y agradecer a los que nunca se marcharon, por el amor que a manos llenas me brindaron, en cada paso decisivo de mi vida.

Hemos disfrutado mucho, viejo amigo. Y en el balance final de mi memoria, rescato los momentos de la gloria. Cierto es que no desdeño las caídas, aquí tienes un par de testigos..., mis rodillas. Cuyas cicatrices hacen acto de presencia, para ser coronadas con laureles, y recibir el galardón a la paciencia.

Espera, no te duermas, viejo amigo. Que deseo platicarte de lo mucho que he querido, pero si ya estás cansado, no te preocupes, amigo, descansa..., que yo me duermo contigo.





©Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists
Colección de mini relatos®

Juramento en hielo


Juraste que volverías
Pero el tiempo se ha pasado
Mi mente ya se congeló
Pero el fuego de mi corazón
Aún te sigue esperando.



Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

Azul, el tono de mi cielo


En el azul del cielo apareciste
Y sin dudar le agradecí a la Luna
Porque el amor que a manos llenas me pediste
Lo fuí guardando para darte una fortuna.




Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

Amor de pacto



Se amaban tanto que decidieron desafiar a la naturaleza, retar al destino, para lograr hacer de aquel idilio un mundo ajeno a las vicisitudes del camino.

No había barreras, era un amor tan especial que derribaba las fronteras. Los dos gozaban del aquel entorno que entre ambos construyeron.

Pero llegó el protervo, con esas garras afiladas cual cuchillas, con ojos rojos tan ardientes como el fuego. Hiena voraz..., Sin darles tregua comenzó su asedio pertinaz.

Los amantes de tomaron de la mano, decidieron emprender la huída. No había razón para enfrentar a la gran bestia, la cual por cierto, estaba herida.

Mas los embates del pernicioso eran mortales... -¡Haremos un pacto con la muerte!-. Dijo en voz alta aquel ferviente enamorado. -¿De qué me hablas? -le respondió la dama sosteniendo ante su amante la mirada.

La puso al tanto, y en una bóveda mortuoria se reunieron, para fundirse con la losa de la fosa que escogieron.



Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists
Colección de mini relatos

miércoles, 11 de octubre de 2017

@_beatrizcaceres

Danita y Miriam


Danita…, este mini relato es para ti, para que sigas fortaleciendo tu deseo por escribir. (Dana Shaiel Gavazzi, hija de mi gran amiga Miriam Gavazzi es una pequeña de 10 años de edad que se decanta por la poesía, y ya empezó a realizar sus primeras obras)

Con cariño para las dos:

Roberto Soria – Iñaki


—Mamá, ¿Por qué la luna cambia de tamaño?
—No, Danita, la luna siempre es la misma ¿Por qué decís eso?
—Porque a veces la miro en forma de una banana, aunque parezca de queso. Incluso, en ocasiones la miro más cerca, como queriendo decirme algo. Se asoma desde mi puerta.
—¡Oh! Vaya, entiendo. Pero no es como te lo piensas ¿viste? Pon atención, que a mi manera te explico… La Luna es como nosotros, enorme, con brillo. Mas no pienses en el cuerpo, estoy hablando del alma. Y así como tú ves a la Luna, muchos nos ven a nosotros. A veces cerca, otras, lejos. Pero no importa cómo nos miren, lo importante es que existimos, y aunque la noche sea oscura nuestro brillo se distingue.
—¡Me gusta ser como la Luna, mamá!
—¿Por lo lejana?
—No, es por su belleza extraña, porque aunque cambie de forma, yo sé que muchos le aman.



«Todos pueden ver tu cuerpo, pero pocos mirarán tu alma. Por eso…, ama.»

Por miedo


Llora,
Que tus lágrimas son bálsamo.
La soledad es gélida,
Pero traerá consuelo.
En el refugio de las sombras
Habrás de escuchar un mil te quiero,
Y cuando mires al cielo
Recordarás que por amor
Siempre brillan los luceros.

Camina,
Que tus pasos te guiarán por el sendero.
No tengas miedo
Hay muchas horas en espera de tus besos
Añoras,
Pero tu noble corazón sigue latiendo.
Si las palabras se atoran en tu garganta,
Escribe
Déjalas fluir, yo haré lo mismo
En un intento por salirme del abismo
Que nunca pudo superar el ego.

Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

domingo, 8 de octubre de 2017

Después de los 40


Si te fastidia el sostén, ¡quítatelo…!
Quiero pedir un favor,
No uses ese rubor que sabes no te acomoda.
Después de todo, la moda, se perderá en su fulgor.


Si las bragas estrangulan tus pasiones… ¡Fuera!
No permitas que el amor se muera
Que lo banal diseñado por el hombre
Es un pretexto carnal, que me arrebata tu nombre.

¡Anda, mujer! Que no te prohíbo nada
Si quieres teñir tu cabello, ¡hazlo!
Aunque para ser sincero, a mí me excitan tus canas,
Al punto tal que mis ganas, se mojan cual aguacero.

De tus tacones, ni hablamos
Escaleras disfrazadas que no te acercan al cielo
Y te vuelven trapecista, que si no te pones lista
Te vas de bruces al suelo.

Sé sobre tu resiliencia
De todas tus capacidades
Basadas en mocedades que forjaron tu experiencia
Cuyo fruto es la paciencia, incluso ante mis vanidades.

Te admiro tanto, mujer, que mimetizo tus actos
Acuñando en mis relatos las flores de nuestro otoño
Besando tu piel marchita, y cuidando tus desvelos
Porque aunque pasen los años…, siempre serás mi consuelo.


©Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

Morir de amor


Morir de amor
Sin darnos cuenta de que amamos
¿De qué va la vida?
Si no es para ser felices
Palpando las cicatrices
Que nos dejara la herida
Por eso no se me olvida
Que tengo este corazón
Para darle con pasión
Lo que me ofrece la vida.


Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

martes, 3 de octubre de 2017

Te amo, Tierra


Te amo, tierra
Sin importarme tu geografía
Porque te siento tan mía
A pesar de tanta guerra

El megalómano impone
Derrochando su veneno
Sin aceptar que lo bueno
Es un Don que se propone

Verdades tergiversadas
Libertad manipulada
Democracia aniquilada
Por flechas envenenadas

Generaciones de infantes
Presenciando tanto encono
Víctimas del abandono
Y de agresiones constantes

Te amo, tierra
Porque no tienes la culpa
Y aunque el protervo se oculta
El justo siempre se aferra

Banderas y mil fronteras
Marcando los territorios
Haciendo más lastimeras
Las clases y los Emporios

Es por eso que te digo, tierra
Que disculpes mi quebranto
Pero es que te quiero tanto
Que tu destrucción, me aterra.


«El hombre se odia a sí mismo…, porque no se conoce.»
©Roberto Soria - Iñaki
Imagen de Safet Zec - Pisma

Tu fantasma


La experiencia de sentirte sin tenerte
Debe ser como la vida cuando se acerca la muerte.




Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

El amor es contagioso


El amor es un estado emocional muy contagioso, cuyo desenlace conduce a la felicidad.

Si lloras abrumada por la soledad..., es momento de infectarse.




Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

El viejo libro


Página 74...
Mensajes de sensaciones discordantes
Palabras escritas para dos amantes
Lágrimas en torrente cauteloso
Y una pluma que se aferra en un sollozo

¿Será que mi soneto desfallece?
Abrumado por la sombra del encono
Pues al verse sumergido en abandono
La incipiente claridad se desvanece

Mas el tintero se muestra irreverente
Insiste necio en componer algunos versos
Y en mil quinientos caracteres tiene presos
Los avatares de tus besos en mi mente..., seré paciente.




Roberto Soria - Iñaki
Imagen pública

viernes, 29 de septiembre de 2017

Desnuda



Desnuda
Sin el mínimo recato
Escuchando algún relato
O los versos de Neruda

Eso quiero hacer contigo...

Y es que yo no tengo duda
Que puedo darte mi abrigo
Yo quiero ser tu mujer
Tú quieres ser mi marido.



Roberto Soria - Iñaki
Microcuentos
Imagen de United Artists

Tres minutos







Te pido tiempo
Nada que consiga importunar
Tan sólo son tres minutos
Para sentir tu mirar

Sólo es tiempo
Eterno por ser la espera
Para escuchar de tu boca
Que no soy una quimera

Tres minutos
Sólo eso
Para decir en un beso
Que me faltan las palabras

Y que mis noches son largas
Porque cuando miro al cielo
La estrella del desconsuelo
Me pide que no te vayas

La despedida se acerca
Lo dice tu corazón
Y aunque no tiene razón
Acepto su cruel castigo

Mas si quieres ser mi amigo
En lugar de ser mi amante
Te pido esos tres minutos
Para morirme al instante




Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

jueves, 28 de septiembre de 2017

La Soledad, es perra




Camina sola, entre toneladas de concreto mudo, bajo las farolas que intentan disipar la oscuridad de su penumbra. Acomoda su melena, mientras el carmín que colocó en sus labios luce intenso. Sus ojos negros contrastan con la blancura casi albina de la piel que cubre a la perfección su esbelto cuerpo.
La media noche la abraza. Su andar es acompasado, como si quisiera taladrar la acera con la punta milimétrica de sus tacones. En el hombro derecho descansan las correas de su bolso de marca prestigiada, adornado con una serie de detalles en charol con grecas que lo hacen lucir bastante caro. El viento sopla helado, pero el abrigo que la cubre pareciera no inmutarse por el clima.
Continúa caminando, como si a cada paso sus torneadas piernas se alimentaran con los metros recorridos. De repente, un pequeño perro se aparece en su camino. La mira emocionado no obstante el mantenerse como pegado al suelo, hecho una bola por la temperatura que se ostenta despiadada. —Hola, pequeñín, no tengas miedo que no pienso lastimarte. ¿Qué haces aquí, acaso te han corrido de la casa?—. Le dice mientras el canino levanta un poco la cabeza para poder olfatearla…
Ella lo acaricia y el perrito se levanta, como impulsado por un resorte, como si fuera su ama…, le baila, incluso le emite sonidos como para conquistarla. —¡Olé, pequeño!, hasta parece que fuiste entrenado para dar los brincos. Pero nada, que no pienso llevarte conmigo. Con trabajos cargo mis cansados huesos, además, en el piso donde vivo no permiten animales.
El perrito pareciera entender lo que le ha dicho…, chilla al tiempo que regresa a su resguardo con la cola entre las patas. La mujer se acerca, se arrodilla, y en voz baja le revela la decisión que ha tomado. —Jolines, tío, pero si a mí no me gustan los perros. Además, lo único que me acompaña es mi sombra y ya estoy acostumbrada. Pero bueno, anda, vamos, ya veremos lo que le invento a la dueña del edificio en donde vivo—. El canino lamió la mano de la mujer que recién se levantaba, fue entonces que la mujer notó la correa que apenas se miraba entre lo espeso del pelaje del canino abandonado. De la hebilla de la correa pendía una pequeña placa confeccionada en aluminio que decía: «Busco alma solitaria, ¿mi nombre? “Soledad”, y tú, ¿cómo te llamas?».


Confesiones


Sin un verso
En compañía de la flama de una vela
Cuyo calor me dice que consuela
La ausencia gélida del dulce amargo de sus besos
Sólo rezos
Palabras vanas afiladas como dagas
Que hacen pedazos las caricias que me dabas
Entre el murmullo palpitante de embeleso
Y lo confieso
Me siento preso en una jaula inexistente
Con los recuerdos de una noche impertinente
Que se llevó los sentimientos que profeso
Diré tres cosas
En la primera, la segunda y la tercera
Será más fácil abrazarme a una quimera
Que a sucumbir a las espinas de las rosas



Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

lunes, 25 de septiembre de 2017

Sin cuadratura



Melodía sin cuadratura
Almas invitadas por la suerte
Sin saber que en el duelo con la muerte
Se escuchará el adiós sin sepultura




Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

Deja que bese tus años



Deja mujer
Que me enlace a tus arrugas
A los pliegues de tu piel
Y al borde de tu cintura

¡No me importa tu pasado!
Ni lo blanco del cabello
Después de todo el pecado
Hace nuestro idilio bello

Si los años que te visten
Descansaran en mi almohada
Recorrería con mis besos
El calor de tu mirada

Y te diría que te quiero
Como nadie te ha querido
Y me perdería en tus brazos...
Hasta quedarme dormido



Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

El texto hiere



Escribir desde el dolor...
Donde los puntos y las comas lloran
Desde el umbral de la interrogación valiente
Y ante la exclamación que suele ser hiriente

Así te amo
Y por testigo cito al guión que me antecede
Para que diga entre comillas lo que duele
El subrayar que sin tu amor mi texto muere




Roberto Soria - Iñaki
Imagen de United Artists

viernes, 22 de septiembre de 2017

Una fecha para el sismo (Versión completa)


«2017, 19 de septiembre.»

No fue fácil descender por las escaleras de la casa, el movimiento telúrico me lo impedía. Le grité a mi esposa, ella se encontraba en la planta baja, impresionada. La tomé de la mano y como pudimos alcanzamos la puerta principal, no sin antes mirar como las cosas se caían a nuestro paso…
Nos paramos a la mitad de la calle, la gente abandonaba por seguridad sus hogares; muchos gritaban. El sismo se sentía muy fuerte. —¡¡¡los niños!!!— Me gritaba mi esposa, refiriéndose a nuestros hijos.
—¡Cálmate, necesito que te calmes para poder ir por ellos!— le dije mientras muchas personas corrían hacia los colegios… —¡Rodrigo, me preocupa Rodrigo!— Se refería a nuestro hijo mayor quien se encontraba en la Universidad, a dos horas de camino.
—¡Él estará bien, confía!— mi esposa me veía, pero parecía como si no me escuchara. —¡Quédate aquí— le dije, mientras ella sólo repetía el nombre de nuestros hijos.
—¡No, yo voy contigo!— me dijo sin soltarse de mi mano.

Corrimos dando tumbos pues el movimiento de la tierra no cesaba. Cada instante era valioso. Llegamos a la escuela primaria, ubicada a escasas dos calles de nuestro domicilio. La puerta estaba cerrada. Algunos padres empezaron a golpearla para que fuera abierta. El tiempo parecía nuestro enemigo, y los gritos de la gente desesperada entorpecían cualquier acto razonable.
—¡Necesito que estés en calma, voy por Robertito a la secundaria!— Se trataba de mi hijo el de en medio. Corrí tan rápido como pude… cinco largas e interminables calles. Así me parecían. El sismo había cesado.
Al llegar, las puertas de la escuela se encontraban abiertas... —¡Calma, sus hijos están bien, calma, necesitamos que entren en orden!— nos indicaba uno de los docentes. Todos los alumnos se encontraban sentados en el suelo del patio principal. El ruido de las voces era incesante. Los maestros intentaban organizar el evento.
—¡Van a pasar en orden por sus hijos— Gritó uno de los maestros, pero el nerviosismo pudo más que la cordura.
—¡Acá estoy, papá!— Escuché gritar a mi hijo. Después de confirmar que él se encontraba bien nos retiramos de inmediato.

Intercambiábamos comentarios mientras corríamos de regreso a la primaria… —¡¿Mi mamá y Mili (mi hijo menor) cómo están?!— lo puse en antecedentes en lo que seguimos corriendo hasta llegar a la primaria…

—¡Don Roberto, su esposa ya se llevó a su hijo!— me dijo una de las maestras.

Corrimos hacia la casa, mi esposa y mi hijo ya nos esperaban de pie sobre la banqueta. Nos abrazamos. Al entrar, lo primero que vimos fue el agua de la cisterna. Se había desbordado. Algunos cuadros de la pared estaban en el suelo. No había suministro eléctrico, tampoco servicio telefónico.
El impacto del sismo se había sentido más fuerte que el de los días pasados, al menos eso nos pareció. El ulular de las sirenas se escuchaba por todas partes y un par de helicópteros se avistaban sobre nuestro vecindario.
Pensábamos en Rodrigo, nuestro hijo, en nuestras familias. Era evidente que se trataba de una desgracia similar a la de 1985…

***


5 de la tarde, seguimos parcialmente incomunicados. Mi hijo Rodrigo aún no llega, no sabemos nada de él. Los medios de comunicación anunciaban la desgracia. A las 13:14 horas, un sismo de 7.1 en la escala de Richter, cuyo epicentro se presentó a 120 kilómetros de la Ciudad de México había sacudido a varios estados de la República, según información de las autoridades competentes… La energía eléctrica se restableció en mi comunidad, y con ello el internet.
Un whatsApp entró a mi teléfono móvil… «Papá, acaba de temblar muy fuerte. ¿Están bien?, estoy en la Universidad.» El mensaje registraba las 13:21 horas. Por fin sabíamos que nuestro hijo estaba vivo.
Las noticias en los medios daban toda clase de reportes. Derrumbes, heridos y…, muertos. Las cifras se incrementaban. La solidaridad de los mexicanos no se había hecho esperar. Los ciudadanos fueron los primeros en actuar, no necesitaron de una orden. Los colonos de las zonas afectadas auxiliaban a quienes podían.
Muchos hicieron uso de sus teléfonos móviles… fotos, vídeos. Registrando con ello la evidencia de la tragedia que azotaba sin piedad a nuestro pueblo.
Municipios de Morelos, Estado de México, Puebla, Guerrero y la Ciudad de México eran al menos en inicio los principales afectados. Sin olvidar a los hermanos de Oaxaca y Chiapas que aún no se recuperaban del terremoto que los había sacudido el pasado 7 de septiembre con una intensidad de 8.2 grados en la escala de Richter y, cuyas repercusiones habían alcanzado a otras localidades, incluyendo a la Ciudad de México.

Topos, La Marina, El Ejercito y brigadas socorristas hicieron finalmente su aparición. No había tiempo para cuestionar lo tardío de su intervención, la prioridad era rescatar a las víctimas de entre los escombros.

17:30 horas, mi hijo Rodrigo por fin llegó a casa. Nos llena de felicidad. Narra el viacrucis que tuvo que experimentar para llegar hasta su destino. Intercambiamos experiencias…
Muchas avenidas principales se habían convertido en estacionamientos gigantescos. Los vehículos no se movían, no así la tierra, cuyas réplicas se seguían registrando.
Centenares de voluntarios se volcaban a las zonas más afectadas, entre ellas, una al sur de la ciudad, en donde se encontraba el colegio “Enrique Rebsamen”, cuyo edificio había colapsado casi en su totalidad. Entre escombros se encontraban sepultadas varias personas. El reporte inicial (no oficial) hablaba de muchos menores de edad, entre niños y niñas, además de una maestra. Se decía que algunos estaban aún con vida.
Otros puntos de gran afectación en la Ciudad de México eran en la colonia Condesa, la Del Valle, Lindavista, Roma y la Obrera, sin olvidar Xochimilco. Lugares en donde se aseguraba había víctimas atrapadas entre los escombros, bajo toneladas y toneladas de concreto y fierros retorcidos. Lo mismo sucedía en los municipios de los estados citados con antelación.
El transcurso de las horas arrojaba sensaciones ambivalentes…, esperanza y desesperanza, dolor y júbilo, capacidad e impotencia. Se confirmaba el hallazgo de personas vivas. Tan cerca y a la vez tan lejos de ser rescatadas porque el tiempo, el clima y los destrozos parecían jugar en contra.

***


A más de 48 horas del sismo las labores de rescate no se detienen ni por un segundo. Se suma la ayuda internacional. Brigadas especializadas con caninos y artefactos tecnológicos de reciente generación actúan. Las estrategias conducidas por personal altamente calificado en este tipo de siniestros no se hacen esperar…
Las labores de recate brindan frutos, no todas son buenas noticias. Algunos cuerpos aparecen entre los escombros. Algunos vivos, otros muertos…
Todo capta mi atención. Me uno a un grupo de voluntarios para circular la información obtenida sobre los desaparecidos. La ayuda de la ciudadanía continúa…, alimentos, medicamentos, herramientas, material de curación, agua. Todo fluye, y aunque la logística presenta fallos todos son justificables pues en estos menesteres no todos somos expertos. No obstante, la lucha sigue, el ahínco por rescatar sobrevivientes prevalece. Pero llega otro fenómeno, el de la discordia. El de los intereses creados.
En las redes sociales circula información comprometedora. Videos del presidente de la República y su señora esposa mofándose mientras la situación de desgracia impera. Posando para las cámaras en un supuesto apoyo trasladando víveres… Entre risas juegan. El espectáculo dura apenas unos cuantos minutos.
De los políticos…, nada, ni sus luces. No existe compromiso por parte de ellos para con sus “representados”, porque mientras sus “compatriotas” se debaten en las zonas de peligro ellos discuten la iniciativa de “donar” el 20% del presupuesto destinado a sus campañas electorales, presupuesto que por cierto defienden como perros que se ven amenazados cuando les quieren quitar el hueso, amparándose en el “No debemos violar las leyes establecidas para la donación de recursos federales” Presupuesto que, dicho sea de paso, es extraído de los impuestos de los ciudadanos.
Los multimillonarios callan lo mismo que los famosos, y los representantes religiosos mandan sólo condolencias y promesas de oraciones. De sus arcas…, nada.
Miro las noticias, una de las principales televisoras monta un espectáculo mediático grotesco. Alega con algunos militares de alto rango la mala información proporcionada por el ejército para ser difundida en tiempo y forma, como si el target televisivo fuera lo más importante para ellos.
Los principales conductores de programas en televisión hacen campaña para captar donativos, pero pocos, o casi ninguno pone la muestra de su tan multicitado altruismo.
Finalmente, y ante la mención de tales hechos algunos famosos y millonarios hacen acto de presencia. Camisas blancas, impecables, ropa de marca, así lucen, como en una pasarela, desfilando en un intento inevitable por empolvarse de tierra.
Son dos mundos, disímiles. Uno, el de la realidad que sin palabras nos presenta lo vulnerables que somos ante la naturaleza. El otro, el de la mezquindad, ese, en donde los que tienen quieren más sin ensuciarse las manos, aprovechándose del dolor por la pérdida de seres queridos y por supuesto, de los bienes materiales.
Nada podrá resarcir estos daños, y sí, cierto, México está de pie, gracias a los ciudadanos, gracias a todos aquellos nacionales o extranjeros que se tomaron de la mano, sin dobleces, sin imposiciones, sin intereses de por medio, por el simple hecho de ser humanos.



Roberto Soria - Iñaki

jueves, 21 de septiembre de 2017

Una fecha para el sismo.(Primera parte).



Una fecha para el sismo.
«2017, 19 de septiembre.»

No fue fácil descender por las escaleras de la casa, el movimiento telúrico me lo impedía. Le grité a mi esposa, ella se encontraba en la planta baja, impresionada. La tomé de la mano y como pudimos alcanzamos la puerta principal, no sin antes mirar como las cosas se caían a nuestro paso…
Nos paramos a la mitad de la calle, la gente abandonaba por seguridad sus hogares; muchos gritaban. El sismo se sentía muy fuerte. —¡¡¡los niños!!!— Me gritaba mi esposa, refiriéndose a nuestros hijos.
—¡Cálmate, necesito que te calmes para poder ir por ellos!— le dije mientras muchas personas corrían hacia los colegios… —¡Rodrigo, me preocupa Rodrigo!— Se refería a nuestro hijo mayor quien se encontraba en la Universidad, a dos horas de camino.
—¡Él estará bien, confía!— mi esposa me veía, pero parecía como si no me escuchara. —¡Quédate aquí— le dije, mientras ella sólo repetía el nombre de nuestros hijos.
—¡No, yo voy contigo!— me dijo sin soltarse de mi mano.

Corrimos dando tumbos pues el movimiento de la tierra no cesaba. Cada instante era valioso. Llegamos a la escuela primaria, ubicada a escasas dos calles de nuestro domicilio. La puerta estaba cerrada. Algunos padres empezaron a golpearla para que fuera abierta. El tiempo parecía nuestro enemigo, y los gritos de la gente desesperada entorpecían cualquier acto razonable.
—¡Necesito que estés en calma, voy por Robertito a la secundaria!— Se trataba de mi hijo el de en medio. Corrí tan rápido como pude… cinco largas e interminables calles. Así me parecían. El sismo había cesado.
Al llegar, las puertas de la escuela se encontraban abiertas... —¡Calma, sus hijos están bien, calma, necesitamos que entren en orden!— nos indicaba uno de los docentes. Todos los alumnos se encontraban sentados en el suelo del patio principal. El ruido de las voces era incesante. Los maestros intentaban organizar el evento.
—¡Van a pasar en orden por sus hijos— Gritó uno de los maestros, pero el nerviosismo pudo más que la cordura.
—¡Acá estoy, papá!— Escuché gritar a mi hijo. Después de confirmar que él se encontraba bien nos retiramos de inmediato.

Intercambiábamos comentarios mientras corríamos de regreso a la primaria… —¡¿Mi mamá y Mili (mi hijo menor) cómo están?!— lo puse en antecedentes en lo que seguimos corriendo hasta llegar a la primaria…

—¡Don Roberto, su esposa ya se llevó a su hijo!— me dijo una de las maestras.

Corrimos hacia la casa, mi esposa y mi hijo ya nos esperaban de pie sobre la banqueta. Nos abrazamos. Al entrar, lo primero que vimos fue el agua de la cisterna. Se había desbordado. Algunos cuadros de la pared estaban en el suelo. No había suministro eléctrico, tampoco servicio telefónico.
El impacto del sismo se había sentido más fuerte que el de los días pasados, al menos eso nos pareció. El ulular de las sirenas se escuchaba por todas partes y un par de helicópteros se avistaban sobre nuestro vecindario.
Pensábamos en Rodrigo, nuestro hijo, en nuestras familias. Era evidente que se trataba de una desgracia similar a la de 1985…





Continuará...



-Con respeto. México, una nación sumergida en la desgracia



by Roberto Soria - Iñaki