miércoles, 29 de noviembre de 2017

Invitación para mañana


Hagamos arte en cualquiera de sus formas. Dejemos las guerras para los inadaptados.

Si habremos de manchar nuestras manos que no sea de sangre, hacedlo con chocolate, o tal vez con mantecado.

Miremos el futuro, se puede hacer a través de los ojos de los niños. Juguemos con ellos, no necesitamos de mucho, tan sólo tiempo.

Pronunciemos miles de -te amo-, uno de ellos llegará a la persona indicada. Lo único malo que te puede suceder es que te llamen loco, como este loco que te ama a través de la pantalla.



Roberto Soria - Iñaki
Imagen pública

La nota muerta


Que me traicionas de antaño
Vaya noticia me han dado
Lo que pone en entredicho
Un amor que me hace daño

Que de a poco vas perdiendo
El interés por mis besos
Mientras tú me tienes preso
Víctima del desengaño

¡Qué pare mi corazón!
Si he dejado de quererte
¡Qué se nuble mi razón!
Incluso, reto a la muerte

Porque la muerte es testigo
De todo lo pronunciado
Y mi corazón describe
El amor que te he brindado

Me queda clara tu ausencia
Y tus fallas en la cama
Argumentando cansancio
Mientras mi pasión te llama

Mañana cuando despierte
Acariciaré tu almohada
Y te dejaré una nota
Para que puedas mirarla


Sólo serán cinco letras
Basadas en el perdón
-Te amo- dirá la nota
Con sangre del corazón.


©Roberto Soria - Iñaki
Imagen de Yuta Onoda

Réquiem para dos


Nos dejamos morir
Entrelazados en recuerdos secos
Bajo nubarrones llenos de mentiras

Tu altivez aprisionó a la rosa
Y del tallo cortaste las espinas
Para flagelar al sentimiento mutilado

Y miramos la tristeza de la luna
Cobijada por el llanto de la noche
Sin piedad, la dejamos a su suerte

Estuve a punto de golpear mi pecho
En un acto de impotencia y de reclamo
Pero el invierno congeló mis manos

Nuestros ojos escondieron la mirada
Era tiempo de alistar nuestro equipaje
Mil suspiros sentenciaron la partida

Nuestros labios mantuvieron la distancia
Hilvanados con pespunte de reproches
Las palabras nos habían abandonado

Recogiste las huellas de tus pasos
Yo borré las iniciales de tu nombre
Y los dos hicimos polvo los abrazos

Par de corazones
En dos métricas distintas sin retorno
No hay amor, tan sólo el palpitar del -te perdono-.



Roberto Soria - Iñaki
Imagen pública

viernes, 24 de noviembre de 2017

Una gota de pintura


«Análisis existencial.» Así define su transitar por el camino que ha dispuesto la vida para ella. Se cuestiona, y sus reflexiones evocan mil recuerdos que la llevan de la mano hasta su infancia… —Si mi padre nos hubiera dado el tiempo y el cariño necesario. Pero, ¿qué sé yo lo que sentía mi padre?, si muy poco pude ver sus pensamientos—. Se dice a sí misma, entendiendo que la vida no es tan fácil.
Cubre su rostro con ambas manos, sin darse cuenta que los múltiples colores embadurnados en sus dedos dejan huella.
Deposita sus codos sobre la pequeña mesa de trabajo, al tiempo que las compuertas de sus grandes ojos se abren para franquear el paso del líquido salino. Sin embargo, esboza una sonrisa, producto del contacto visual con tres pequeños que danzan sin cesar entre los frescos.
—Te extraño, madre. Qué feliz serías entre tus nietos—. Una frase que repite cada vez necesita de un abrazo. Sus dedos se deslizan sobre sus mejillas, en un intento por enjugar las lágrimas silentes que conllevan la amargura. Se alborota la melena de rizos más que dorados… Levanta la frente, irguiendo el pecho, y canta. Se trata de una canción de Rock que sonaba en los 80’s. Le llena de energía, pero termina tarareando los compases de aquella melodía clásica que trae ceñidos mil recuerdos.
Reflexiva, observa las paredes de su casa —¡Los convertiré en murales! Así perdurarán mis obras— musita para sus adentros. Escucha voces… —¡Anda, Gaviota, llegó la hora de extender tus alas!—. Ella mira en todas direcciones, mas no hay nadie, y de nueva cuenta escucha… —acá, mira, somos nosotros, alma de tu alma. Somos tus obras de arte, y te amamos con locura.


En honor a mi querida Gabriela – Gaviota Multicolor, con todo el amor y respeto que se le puede tener a una gran artista. Mujer, madre..., soñadora.


Espectro en tango


Camina, ensimismada entre recuerdos que se clavan como dagas. Son las dos de la mañana. Las calles lucen solas, es la hora predilecta del pecado. La luna brilla, las farolas a lo largo de la calle se transmiten entre sí su refulgencia. El titilar de sus bombillas cual susurros le dan la bienvenida. Los gatos del vecindario se congregan en las azoteas, es un cónclave nocturno en donde para muchos, el miedo se respira.
La estela del invierno se refugia en los cristales de los autos aparcados, también quiere ser testigo del sui generis ritual de aquella dama. Los perros que la miran han bajado las orejas…, sus ojos brillan, atisbando en todas direcciones, como guardianes adiestrados de mirada celestina.
La dama misteriosa se desnuda. Blancos muslos, de textura como seda, pero duros como el mármol. Pechos firmes, tan redondos como esferas navideñas. De la comisura de sus labios pende un hilo. Sangre pura, cual cascada que termina en sus pezones.
Ella agudiza su oído, en espera de que el viento con silbidos entone para ella esa vieja melodía. Es un tango, exponiendo su desgarro a través del bandoneón que llora triste. Los violines en comparsa se aconsejan, pues no quieren exceder los decibeles.
Los tacones de la dama se deslizan, hacen juego con el púrpura encendido de su sangre. Con sensuales movimientos lleva el ritmo. El acorde final se vuelve extenso, ella inclina la cabeza en reverencia. Su melena en caracolas cubre el rostro, en intento por cubrir su amarga pena.
Canta el grillo, anunciando que el ritual ha terminado. Ella llora al despedirse en la palestra, al recordar que por amor hace diez años, dispuso de su vida al descubrir que el ser amado, poseedor de su tesoro virginal, se había casado.

©Roberto Soria – Iñaki
Imagen pública



martes, 21 de noviembre de 2017

La mar y el cielo



Ella extiende su mano entre las sombras, sabe que la complicidad del viento le servirá para fundirse en un acto de amor inmerecido… En lo alto él, la espera, para besar entre suspiros la humedad bajo sus olas. Ella goza, lo demuestra en el vaivén de inusitadas brisas.
El silencio se ha robado las palabras, todo es júbilo entre versos y latidos, ella ofrece mantener la calma, y él se vuelca de pasión enardecido. Ella encumbra entre sus ondas los —te amo—. Él, con truenos corresponde aquel idilio, y entre nubes de algodón juntan sus alas, en un acto de amor nunca vivido.
Hay testigos, son la luna y las estrellas, todas quieren admirar aquel encuentro enrarecido. Sólo falta que la tierra dé su anuencia, para juntar el cielo con la mar, y celebrar el haberse conocido.



Roberto Soria - Iñaki

lunes, 20 de noviembre de 2017

Corazón en coma


En un corazón destrozado brotan coágulos de muerte..., se torna macilento, sin el hálito de vida que le permita sostener el palpitar equiparable al tic-tac de aquel reloj sin manecillas que pendía de los hilos hechos con suspiros vanos.

Y duele, se achica, porque el flujo inefable de partículas sedientas del amor que necesita se estaciona.

Y lo etéreo del —te quiero— se quebranta, al igual que la hojarasca cuando cae del viejo roble que le ofreció su sempiterno aliento para convertirlo en algo efímero.

Corazón en coma, repitiendo sin parar las cinco letras del —te amo—. ¡¿Dónde está tu resiliencia?! Si tu nictofilia ante su ausencia te hace presa.

¡Grita, corazón! Traspasa la barrera del sonido, irrumpe con el último latido en la distancia, y dile que le amas como nadie habrá de hacerlo, porque el palpitar de tu acendrada estirpe, no conoce del olvido.

Roberto Soria – Iñaki
Imagen pública