viernes, 12 de febrero de 2016

El silencio de la muerte







Me despertó el color de la noche turbulenta

y al experimentar lo espeso de su negrura cruda

extendí los brazos en un acto de ternura

hasta perderme en su profundidad inmensa.



Luego entonces la pasión alborotada

asió mis manos en un acto de cordura

le bisbiseo a mi angustia con palabras de dulzura

que le tomara ardiente como el tigre a su presa.



Heme aquí, me dijo complacida

soy la sombra del amor que te atormenta

y aunque es cruenta la batalla sostenida

vengo a ti para entregarme pura.



El silencio fue testigo del hartazgo

ni siquiera reparamos en el tiempo

un suspiro nos llenó una copa

para bebernos el placer a ritmo lento.



No había freno para detener la inercia

ni reclamos para aminorar el fuego

sólo sé que me perdí en la anchura

del torbellino ardiente que acompañaba al ego.



Enajenado por la sensación descrita

la llevé hasta el centro del universo encima

y en el fulgor de las estrellas, preso

me refugié en su plexo para sentirle viva.



Más una voz interrumpió mi sueño

me dijo, ¡iluso que abusaste de tu suerte!

no tengas miedo y quédate a mi lado

oye el silencio que trajo para ti la muerte.



 Roberto Soria - Iñaki