jueves, 29 de junio de 2017

Muñecas de trapo



—Papá, ¿por qué nosotros somos pobres? —no lo somos, hija, ¿qué te hace suponer eso? —Porque no tenemos lo que otros poseen, como mi amiga Elisa. Ella lo tiene todo, no le hace falta nada.
El hombre guardo silencio por unos instantes, hurgó entre los bolsillos de su raído pantalón hasta extraer un par de monedas que atesoraba para la cajita de los ahorros que tenía en su casa. —¿Quieres un mantecado?, —le preguntó a su pequeña hija… —¡Sííí, de chocolate, con granulado de muchos colores!
Caminaron hasta el establecimiento más cercano. Después de ordenar el mantecado se encaminaron hacia el parque que se encontraba justo en frente de la nevería. —¡En esa banca, papá, en esa banca de allá, la que está cubierta por la sombra de los sauces!, —gritaba y brincaba jubilosa en medio de las palomas que se apiñaban en el lugar para comer las migas que algunas personas les arrojaban.
—¿Te gusta tu mantecado?
—¡Está delicioso, papá!
—¿Y las palomas?, dime, ¿también te gustan?
—¡Sí, papá!, y la sombra de los sauces, y el agua que brota de la fuente, y las nubes, el sol…¡hasta el aire que respiramos, papá!
—Lo ves, no somos pobres, tenemos todo lo que la vida no ofrece.
—Pero…, no entiendo, papá; es que mi amiga Elisa me dejó de hablar porque dice que soy pobre.
—No, hija, sólo lo ha dicho para justificarse. Escucha:
Existen personas que no se identifican con otras por su forma de pensar o de sentir y solo buscan pretextos para romper con la amistad. Hay quienes se aburren muy rápido de lo que poseen, otros buscan incesantes aquello que les produce una felicidad momentánea.
—Entonces, ¿no soy pobre?
—No, porque tú disfrutas de la vida, sobre todo de lo que es perdurable; como el amor, como la naturaleza misma.
—Pero ella tiene muñecas muy costosas que le regala su padre, ¡y yo no las puedo tener! ¿Por qué, papá?
—Porque su padre le regala cosas que el dinero compra en su intento por darle felicidad, en cambo yo te obsequio lo más importante, mi cariño, mi tiempo, ¡tu mantecado!…, o dime, ¿acaso su padre la recoge cuando sale del colegió?
—No, papá
—¿O juega con ella como lo hacemos tú y yo en el traspatio?
—No.
—Lo ves, ninguna de las dos posee lo mismo, y con seguridad puedo decir que tú eres más feliz que ella, aunque tu muñeca sea de trapo.


Roberto Soria - Iñaki