viernes, 4 de marzo de 2016

Pan y vino para mis amigos

- Escudero, venid a mí por favor
- Ordene mi Lord
- ¿Ha venido alguien a visitarme?
- Nadie mi señor, todos se han marchado
- ¡En dónde están aquellos que me juraban lealtad!
- No queda nadie señor, tan pronto te miraron postrado en esa cama enfermo y con las manos vacías pues, decidieron emprender la graciosa huída
- Acercadme a la ventana, quiero ver la espalda de todos los que me deben un favor
- ¿Así está bien?
- Perfecto, ¡míralos!, como buítres carroñeros lamiendose las garras. Pero quién es ese, aquel de la túnica blanca que reposa junto al río
- Es un ángel según dicen en el pueblo, pregonan que es tu consuelo, quien habrá de compensarte por las bondades que hiciste
- ¡Y ese otro, el de allá!, el que cubre su testa vestido todo de negro
- No querrás saber
- Por qué no, anda dime
- Es la muerte, espera victoriosa para presenciar tu último suspiro
- ¿Queda algo de pan y vino?
- Si mi Lord, es la última porción de cada cosa
- Anda, lleva ante esos dos los restos, que vayan bien dispuestos en una charola de plata, el vino que repose en las mejores copas
- ¿Algún mensaje mi Lord?
- Por supuesto, diles que aprecio su modestia, que si el entrar a mi morada los abriga, sean bienvenidos, que estoy dispuesto para continuar mi andanza, o bien si fuese el caso, a recibir el boleto sin regreso, que mejores amigos qué éstos no hallaré en mi recorrido, no habrá resistencia de mi parte, sólo halagos.
- Puedo preguntar por qué.
- Porque ellos sí son mis amigos.



Roberto Soria - Iñaki