jueves, 11 de febrero de 2016

Luciérnaga


Buena comparación por la analogía que representa. En el viaje inexorable dentro del tiempo se habla, se escribe y se debate el inexpugnable tema de la violencia de género, desde la creación de la humanidad la mujer ha tenido, tiene y tendrá un rol estelar todo gracias a la perfección  de su arquitectura, de lo fino y delicado de esa energía que posee, la cual de manera paradójica emana en los momentos cruciales transformando su fragilidad en un torbellino poderoso que arrasa las adversidades y es capaz de dar vida sin importar el dolor o sufrimiento que la labor demande.

Luciérnaga, un libro que narra la historia de una adolescente qué, como muchas es víctima de las circunstancias, del error y el acierto mal combinados, de sistemas judiciales mal administrados y, de enfermos mentales que anteponen sus mezquinos intereses a los valores universales. Lo impactante del caso es la ausencia de estupor, hablo de la trata de personas, del comercio más aberrante que lacera y extermina cualquier forma de vida, de razonamiento. Ya ni siquiera genera duda cuando se señala la posibilidad de que las instancias encargadas de preservar los derechos humanos estén involucradas, y no sólo como espectadores, sino formando parte activa de la proliferación y fortalecimiento de tan añeja actividad delictiva.

Justificaciones para cometer ilícitos existen muchas, tan trilladas que han logrado convertirse en un cliché, argumento que pretende minimizar la dimensión del daño aprovechando los recovecos que deja una legislación ambivalente.

Los años pasan y el único cambio logrado en el fenómeno de la esclavitud es la modificación del término, abusos que lejos de ser erradicados se diversifican para dar paso a nuevas atrocidades lucrativas. El esquema mediático muestra y hasta ostenta artículos diversos de tales acontecimientos, denuncias abiertas, gritos clamando justicia que se pierden en el horizonte infinito de la impunidad, ahogándose en la ignominia y la desesperanza, escuchando promesas demagógicas que sólo disfrazan la ineptitud y negligencia de quienes en teoría están obligados a salvaguardar la integridad de las personas.

Y aquí estamos, observando estadísticas armadas con amaño, con mentiras, maquillando la verdad que aflora en cada comunidad, en cada esquina.

La alternativa ante la desconfianza que genera la corrupción y burocracia es clara, la de valerse por sí mismos ¿Actos contrarios a la razón?, sin duda, pero necesarios ante la pasividad y falta de atención de quienes permanecen impávidos ante el genocidio que avasalla sin límites a una sociedad tan lastimada.

La protagonista de la historia en este manuscrito deja un legado valioso derivado de su intrínseca experiencia, vale la pena conocer los hechos, la re-ingeniería conductual es imperativa para evitar un cataclismo, no todo estriba en una simple sentencia, Pitágoras decía; Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.



Roberto Soria - Iñaki



Hasta la próxima

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