domingo, 14 de febrero de 2016

La verdad

La verdad es una adecuación entre una preposición y el estado de cosas que expresa, conformidad entre lo que una persona manifiesta y lo que ha experimentado, piensa o siente, no hay verdad absoluta, todo depende del color del cristal con que se mira, es un plano que invariablemente presenta dos aristas, la negativa y la positiva, situaciones que generan controversia entre quienes defienden una postura conveniente relacionada con la relatividad.

Bajo esa premisa se escribe, riesgo que implica críticas constructivas y contrarias, hay quienes de manera intrépida se atreven a juzgar y calificar a los dramaturgos como dioses, argumentando la potestad de crear, de dar vida o muerte a los personajes que se describen en las narrativas sin importar el género literario.

No obstante es grato encontrar controversia, tela para cortar dispuesta en la mesa de trabajo para ser discutida entre el escritor y el lector, diseño que a fin de cuentas persigue el propósito de capturar la atención de quienes gustan de sumergirse en un mundo paralelo lleno de fantasías que terminan confundiéndose con la realidad, quimeras que se persiguen como parámetro para medir la capacidad ilimitada de la mente que deja una enseñanza, un mensaje.

Es hermoso comprobar que no existen barreras en los libros, que no hay manuscritos estériles, cada estilo tiene un propósito específico, es como un traje a la medida hecho para cada cultura, para cada nivel socioeconómico, para cada aspiración profesional.

Las obras quedan, se convierten en testigo mudo de un proceso filosófico observado por la humanidad, ¿para quienes? Para todas las generaciones presentes y futuras, huellas que no se borran sin importar las alteraciones del camino, podrán cambiar las formas de escribir, reformadas y sustituidas por la tecnología, pero la esencia, el fondo siempre será el mismo, es por eso que decreto, que no se muera la pluma.


Roberto Soria – Iñaki

Hasta pronto