sábado, 13 de febrero de 2016

Arma de dos filos


La tecnología por una parte nos impulsa, nos convierte en seres vanguardistas, actualizados y duchos en el manejo de tantos artilugios que en teoría simplifican nuestra vida. Sin embargo y con tristeza observamos que el precio a pagar por obtener dichos avances es muy alto, nos vamos perdiendo a una velocidad vertiginosa entre lo espeso de la incongruencia, los padres ya no hablan con los hijos y viceversa, la disociación familiar es ya una constante, el ejercicio mental es cosa del pasado gracias al chip externo que siempre nos acompaña, ese dispositivo que almacena megas y gigabytes de información que nos resuelve cualquier duda.

La convivencia empieza a buscar un sitio en los registros del pretérito, la conciencia sobre los actos que ejecutamos se vuelve nula, hacen falta esquemas, incluso legislaciones que regulen el uso de tan paradójico progreso.

Hoy en día la población en nuestro país como en muchos otros sufre los cambios conductuales que se reflejan en las nuevas generaciones, brechas que se vuelven abismales en todos los sentidos, más que nunca ese viejo adagio de “los patos le tiran a las escopetas” es parte cotidiana en la juventud.

Sin embargo, qué o quiénes contribuyen para que la era tecnológica se apodere de las mentes frágiles y esnobistas. ¿En realidad evolucionamos?, o tan sólo revolucionamos, y mucho tiene que ver  la relegación evidente de los valores, aunada a la ambigua interpretación y fundamentación de los derechos humanos genera confusión en el deber ser.

Delegar responsabilidades y conjugar de manera correcta el don de mando con el don de gente no es algo baladí, filosofía que se ve mermada cuando los roles de los actores no está bien definida, cada miembro de una familia y de cualquier organización tiene obligaciones, responsabilidades, derechos, pero se frustran ante la confusión que se obtiene al carecer de acuerdos fundamentados.

No hay metas, objetivos, filosofía, valores, misión, visión, políticas. Cada quien con sus mejores argumentos termina llevando agua a su propio molino creyendo que hace lo correcto, sin trabajar en equipo  tratamos de reinventar el hilo negro en lugar de aprovechar los recursos ya existentes, y no es que sea contrario a la creatividad de los genios que contribuyen al desarrollo de la humanidad no, reitero la esencia del rol, de las habilidades, de las capacidades que cada uno posee.

Comprender y balancear defectos y virtudes no es sencillo, pero en la medida en que se logre los beneficios serán sustanciales.

Dejo en el tintero la disyuntiva de construir para destruir, o bien, la de renovarse o morir, cualquiera que sea la elección debería estar sustentada en el bien común, en el de la preservación de las especies.


Hasta pronto.

Roberto Soria - Iñaki